Tuesday, September 20, 2005

Esta es otra de la larga lista de leyendas que posee la ciudad que tanto amo.

EL CRISTO DE LAS AGUAS

Allá por la segunda mitad del S XVI, en un día normal en el que los pescadores a las orillas del Tajo, trabajaban llenando sus redes, para de esa forma luego poder venderlos en la ciudad. Estando pescando junto a la presa que existía cerca del puente de Alcántara y que encauzaba la corriente hacia los molinos del artilugio de Juanelo, vieron que se deslizaba por encima del agua flotando una gran caja de madera de tosca apariencia. La gran curiosidad que los inundó en poco tiempo y las ganas de encontrar algún tipo de objeto de valor los llevó a querer atraer hacia ellos la caja, pero sorprendiendo a


todos comprobaron que la caja cuando ellos se acercaban, esta se alejaba mas haciendo vanos sus intentos de sacarla del agua, como si estuviera dirigida por alguien, la caja cuando se acercaban a ella se pasaba inmediatamente a la otra orilla.

Pronto corrió la voz por la ciudad del extraño suceso, ya que algunos de los azacanes que buscaban agua en el rió, se encargaron de ir contando el extraño suceso a todo el mundo con los que se cruzaban. De esta forma tanto como para comprobar la veracidad de lo contado, otros para burlarse de los que creían medio locos y todos por curiosidad bajaron al rió juntándose en dicho punto una multitud de toledanos.
Cuando las noticias llegaron a las autoridades para disuadir el tumulto se acercaron con los alguaciles, corroborando el milagroso hecho. De esta forma se mando avisar a las autoridades religiosas, quienes rápidamente acudieron al margen del rió precedidas de una cruz con todas las cofradías y hermandades de Toledo detrás, cada una con sus insignias, pendones y estandartes.


Como era costumbre en nombre de Dios procedieron a interrogar a la caja, preguntándole “que quería y a que venía”. Cada congregación fue haciendo la pregunta, pero ninguna obtenía respuesta hasta que llegó el turno a la cofradía de la Vera Cruz , que cuando realizó la pregunta por el Hermano Mayor, la caja se acercó a la orilla donde estaba situado este, en ese momento varios alguaciles entraron al agua para sacarla y se volvió a alejar, en cuanto se alejaron la caja se situó de nuevo en la orilla del Tajo, de esta forma dos cofrades de Vera Cruz sacaron la misteriosa caja del agua, dos padres Carmelitas la abrieron y encontraron en su interior un crucifijo con un rotulo, alzo el crucifijo para que todos lo vieran mientras que leía el rotulo “ Voy destinado para la Santa Vera Cruz de Toledo”.


Un gran alboroto se apoderó de todos los presentes, quienes improvisaron una solemne procesión con todas las cofradías y sus símbolos delante y la última la de Vera Cruz con su nueva imagen seguidas de las autoridades civiles, mientras todos entonaban cánticos de honor a Dios y a su Hijo representado en aquella imagen sacada de las aguas de Tajo, dirigiéndose a la iglesia del Convento del Carmen calzado donde se colocó el crucifijo en un altar. Llamándolo por los toledanos

“EL CRISTO DE LAS AGUAS"

Friday, September 16, 2005

Escudriñando entre datos de una ciudad, encontré una leyenda cuyo contenido me pareció interesante. La ciudad, Toledo. El relato da nombre a un pequeño arroyo que se secó hace ya tiempo, de un rincón del valle que rodea esta ciudad.

EL ARROYO DE LA DEGOLLADA

Cuenta la leyenda que, recién conquistada la ciudad de Toledo, por Alfonso VI en 1085, se dio lugar el suceso que dio nombre al arroyo.
Las tropas cristianas habían tomado la ciudad, y sus oscuras y retorcidas calles eran un constante ir y venir de jinetes que a modo de patrulla vigilaban cada casa, ventana, azotea, rincón; con el fin de evitar cualquier rebelión de los vencidos musulmanes. Un caballero cristiano, Rodrigo de Lara, se enamoró de una joven musulmana, la cual se llamaba Zahira. Poco a poco se enamoraron. Ella se planteó convertirse al cristianismo para poder casarse con él. Su familia no le perdonaría su conversión y la voluntad cruel de su padre la podrían llevar a la muerte. Por ello planearon una huída de la ciudad hacia el castillo más próximo donde les esperaba un sacerdote que, tras bautizarla uniría a los jóvenes en santo matrimonio. En el camino romano fueron sorprendidos por dos rufianes árabes, dedicados al acecho de los viandantes, que creyendo que la bella musulmana era cautiva entraron en encarnizada lucha con Rodrigo, que precipitándose por los peñascales del arroyo intento huir de sus perseguidores. uno de ellos alcanzó con su afilado sable el cuello de la doncella, que cayó moribunda a los pies del caballo. El joven cristiano arremetió contra sus agresores y tras matar a uno de ellos, el segundo huyó.
Rodrigo miró a su amada. Su sangre se vertía sobre el pequeño arroyo y al ver que aún vivía, le vertió agua sobre su cabeza quedando así bautizada. Desconsolado gritó pidiendo socorro a la guardia que se apostaba en la Torre del Fierro, situada en la orilla opuesta del Tajo, que llegaron en una barca en la que trasladaron el cadáver. Al día siguiente, después de la misa, se le dio cristiana sepultura.
Rodrigo de Lara recibía los santos hábitos en el monasterio cluniacense de San Servando, el cual todos los días al atardecer, con el permiso de sus superiores, iba a orar al mismo lugar donde aconteció la desgracia.